Publicado en Edición julio

MI VUELTA A FRANCIA

Al parecer Chavela Vargas tenía razón y «uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida.» Me despedí de La Costa del Sol y volví a Dijon, con una breve pasada por Barcelona donde me reencontré con algunos familiares y con amigos que son familia. Si bien no soy la clase de expatriada que extraña y añora su pasado, estos últimos dos años sin volver a Argentina por culpa de la pandemia se me hicieron largos. Muy largos.

Pero volviendo a mi retorno a Francia, tengo que aclarar que este recorrido loco tiene un por qué y un para qué, pero para que todos entiendan y las piezas de este rompecabezas encastren perfectamente, voy a empezar por el principio.

Soy Anastasia Jack, pero me conocen como Ani o Anita. Mi alter ego laboral es Anushka, así que es probable que también lean o escuchen que me llamen así. Tengo 29 años y en el año 2017 decidí acompañar, a quien en ese entonces era mi pareja, en su carrera de rugbier profesional y mudarme a Francia. Vivimos en el sudoeste del país de los quesos en un pueblo chiquito que se llama Agen y nos mudamos también al este, a una ciudad llamada Dijon.

¿Creen ustedes en los finales felices? Yo sí. Y les «spoileo» que esta historia terminó así. No comimos perdices ni nos amamos para siempre como nos hicieron creer en las novelas pero hoy con mi ex -«el Susodicho»- somos muy amigos y nos acompañamos a la distancia. ¡Les adelanté que esta historia tenía un final feliz!

En definitiva hace más o menos un año nos separamos y este motivo es el causal y el principio de mi nueva historia. Siendo honesta el destino y el Covid fueron ingredientes indispensables en muchas de mis decisiones, pero hoy elijo incomodarme y salir de mi zona de confort por motu proprio.

LA INCOMODIDAD, EL MEJOR MOMENTO PARA CRECER

Podemos pelearnos con el dolor, la incomodidad y el estrés y desear que no esté en nuestras vidas o podemos aceptar que ese período difícil o confuso forma parte de nuestro presente, aceptarlo y con ello crecer.

Yo decidí la segunda opción y si bien todo proceso de duelo es con altibajos, les confieso que hace dos meses sentada desde la playa mirando hacia el mar le escribí un mensaje al Susodicho diciéndole: «nunca pensé que iba a escribir esto pero, ¡gracias por cortame!»

Toda crisis es una oportunidad y yo tenía una hoja en blanco para escribir y decidí aprovechar el envión y subirme a la ola de cambios. Mi primera mudanza fue dentro de Dijon. No me sentía lo suficientemente fuerte como para alejarme de mi red de amigos y contención en el medio de tanta incertidumbre mundial. Una vez que me sentí más estable para empezar totalmente de cero me quise mudar a Cascais, una ciudad turística al oeste de Lisboa. Un dato no menor es que no conozco Portugal pero un amigo portugués una vez hizo la comparación de que Cascais era la ciudad gemela de Biarritz y a mi cabeza taurina (y por ende muy terca) se le incertó que quería vivir ahí. Una vez más mis planes no salían como yo quería y cuando me quise mudar el país se confinó nuevamente.

Por esas cosas locas de la vida una amiga me ofreció alquilarle el departamento y me mudé a Fuengirola, en La Costa del Sol, durante dos meses.

Esos dos meses fueron sanadores. Comprobé que podía estar sola y que podía seguir decorando casas y departamentos de forma remota desde cualquier lugar del mundo. La soledad los primeros días fue dura pero necesaria para encontrarme conmigo misma y volver a barajar mis cartas.

Los cambios incomodan y a mí, como a muchos de ustedes seguramente, me cuestan. Soy sumamente organizada y me da seguridad cuando las cosas salen como las planeo, así que imagínense la poca gracia que me hizo tener que decidir en que país iba a vivir, en qué ciudad y cómo ¡en el medio de una pandemia!

Estoy convencida que en la vida hay siempre dos opciones: elegir vivirla como víctima donde «la responsabilidad no es mía, es de un tercero» o vivirla como protagonista donde «acepto las circunstancias, analizo con que herramientas cuento y dejo de buscar culpables para hacerme cargo de mi presente, acciono y así genero cambios.»

Hoy les escribo desde Dijon siendo protagonista de mi historia y con las dos dosis de la vacuna Pfizer puesta mientras armo las valijas para irme a Portugal. Sin dudas, tarde o temprano y con esfuerzo todo llega.

La verdad es que no sé si me enamoraré de Cascais o si seguiré buscando mi lugar en el mundo. Lo que sí sé es que voy a seguir incomodándome.

Anushka

Por: Anastasia Jack

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