Publicado en Edición diciembre

SOY OTRA PERSONA

Termina diciembre y no puedo evitar hacer un balance. Miro para atrás y hace un año era otra persona. ¿Se pueden vivir muchas vidas en una? Estoy convencida de que sí. Este es un resúmen de lo que fue mi año.

2021 fue una locura. Una locura que volvería a vivir una y otra vez. Una locura que me hizo que me quedara en carne viva (como el videoclip de «Rock DJ» de Robbie Williams que miraba por MTV cuando era chica). Esta locura me obligó a sanar mis propias heridas. Tuve que dejar de fingir y aceptar que algunas cosas no estaban bien.
Cierro los ojos y hago el esfuerzo por recordar cada detalle para contarles cómo me sentí. Probablemente mi inconsciente me quiera proteger y por eso es que no me deja recordar todo lo que viví. En el fondo le agradezco, pero lo intento una vez más. Al fin y al cabo esta taurina no se rinde muy fácil.
El 1ro de diciembre de 2020, me mudé sola a un departamento en Dijon recién separada. «Ani, no me voy a quedar tranquilo con que vivas en este barrio» me dijo el Susodicho (mi ex) cuando visitamos el departamento que me había volado la cabeza. «Tendrás que aprender que de ahora en más elijo yo sola». Pero no, no me atreví a decirlo. El barrio era el menor de mis problemas y les spoileo que de todas maneras alquilé el departamento. No sabía cómo me iba a mantener los próximos meses y tampoco sabía qué quería hacer ni en qué lugar iba a vivir. Hasta el momento siempre me había mudado a pueblos o ciudades para seguir un proyecto ajeno y ahora la vida me daba la chance de elegir dónde quería estar, pero el mundo es muy grande y no sabía por dónde empezar. Tenía que hacer un duelo, pero aún más importante tenía que inventarme una nueva vida.
Lo escribo y me da piel de gallina: sola en otro país, en el medio de una pandemia, recién separada y teniendo que empezar de nuevo y literalmente de cero.
Pero, ¿saben qué? Estoy orgullosa de mí. Incluso en los días más díficiles estaba agradecida. ¿Agradecida? Sí, porque siempre fui consciente de que podía barajar de nuevo mis cartas y volver a empezar. Soy una privilegiada y confiaba en mí. Me faltaban herramientas pero pedí ayuda. Cada traba me trajo un aprendizaje. No puedo negar que tenía miedo a un montón de cosas y situaciones que me atormentaban pero aprendí que «si tenés miedo, hacelo con miedo».
Si estuviste viendo mis historias a través del 2021 me habrás visto hacer y deshacer la valija una y otra vez en distintos países. Esto me enseñó que no necesito mucho y que lo que me hace feliz entra en un carry on y tiene cuatro patas.
Empecé a valorar (me) mi tiempo aún más de lo que lo hacía. Salí con chicos nuevos y conocí culturas y formas distintas de relacionarme. ¿Sabían que me enteré de que «era la novia» de un francés que ni siquiera me lo había notificado? Todavía hoy puedo sentir el nudo en mi panza cuando al referirse a mí usó las palabras «ma copine» (mi novia). Esta es una historia que merece un capítulo aparte. Lo positivo es que me atreví a mostrarles mi vulnerabilidad a distintos hombres. Aprendí que lo mejor es que me conozcan con mis luces y mis sombras. No soy perfecta y tengo miedos. Sobretodo a volver a enamorarme. Al fin y al cabo si uno es genuino con lo que le pasa y el otro se queda es porque le interesa ocupar un lugar. ¿Para qué perder el tiempo? Para eso tenemos doscientas redes sociales disponibles.
Me amigué con la incertidumbre. Me enojaba cuando mis planes no podían llevarse a cabo. Postergué trabajos y viajes odiando las medidas de la pandemia, pero entendí que es mejor la incertidumbre que la certeza, porque cuando uno tiene solo certezas nada puede cambiar y (siempre) todos tenemos algo para modificar.
Como dice la mujer de mi papá, «fui al rincón a pensar» varias veces. Cada tres meses me sentaba con mi diario íntimo y releía lo que había planeado. Me saqué la presión de tener que tener en claro qué quería o hacia dónde iba. Esto me ayudó a vivir mucho más el presente. Empecé a nombrar mis planes como «experiencias», porque pensar en «para siempre» me daba ansiedad. «Voy a hacer una experiencia a Málaga». Hice varias de ellas y si alguna no me gustaba podía pasar a la siguiente sin sentir el peso de defraudarme. No quiero ser tan rígida. Deseo continuar con este ejercicio el próximo año y permitirme ser aún mucho más flexible.
Conocí mucha gente nueva. Tengo el don de la intuición y soy una afortunada que siempre elijo gente buena para rodearme. Mis amigos y mi familia me demostraron que a pesar de los once mil kilómetros de distancia estaban para mí y fueron quienes me ayudaron a levantarme del piso con palabras de aliento cada vez que sentía que nada salía como yo quería.
Perdí el rumbo muchísimas veces pero siempre me volví a encontrar. Aún tengo que auto recordarme que las respuestas están en mí.
Inventé el trabajo que mejor se adapta a la Anita de hoy. Desde chica odio levantarme con despertador y dejé de juzgarme por ser quién soy. Organizo mis horarios y tengo un trabajo que me permite abrir una computadora y poder trabajar desde cualquier parte del mundo. Siempre fui alguien creativa y poder diseñar ambientes diferentes todas las semanas me inspira y me hace feliz. Desde que soy chica movía los muebles de lugar y me reconforta ayudar a las personas a que puedan sentir sus casas como sus hogares y se sientan orgullosas y representadas por esas cuatro paredes. Para mí la vida está para compartirla y disfrutarla. Ver la felicidad de mis clientes compartiendo sus hogares con sus seres queridos me llena de orgullo.
Tengo tanto por seguir trabajando en mí, pero hacer este balance me permite no ser tan exigente conmigo misma y poder reconocer mis logros. Sin dudas este balance cierra en positivo. Volver a Argentina después de dos años y medio para mí fue sanador. A pesar del covid pude abrazar presencialmente a los míos que realmente yo lo estaba necesitando. Nunca imaginé que iba a pasar tanto tiempo tan lejos de mis seres queridos y confieso que tenía una coraza muy gorda y dura con respecto a este tema, pero los días previos al viaje se acercaban y no podía más de la ansiedad. Escribir este relato desde Buenos Aires probablemente hace que tenga este tinte tan positivo que están leyendo.
Les juro que soy otra persona. Fue un año duro que me movió como las olas revuelcan a los valientes que se animan a meterse al mar. Hubo días más calmos y días dónde todo se sentía una amenaza, pero definitivamente este año me hizo crecer un montón. Nadie se arrepiente de ser valiente.
Gracias, una vez más, por estar del otro lado. Por leerme y por acompañarme. Créase o no, ustedes fueron parte de este año y me enseñaron muchísimas cosas. Comenzar a escribir mis relatos es una forma de conectar con ustedes y conmigo misma. Gracias también a mi familia y mis amigos que estuvieron para mí y también al Susodicho, quien me empujó a ser mi mejor versión dándome la confianza que necesitaba cuando creí que no podía. Agradezco cada dolor y miedo porque me permitieron estar hoy acá escribiéndoles esto.
Les deseo que tengan un 2022 lleno de nuevas experiencias y sobretodo que quieran mucho, pero que siempre se quieran más a ustedes mismas.

Por: Anastasia Jack

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Bonaerense, como la conocen en Instagram, es una de mis cuentas favoritas. Agostina Di Stefano -como figura en su D.N.I- es auténtica, dice lo que piensa y defiende con uñas y dientes sus ideales. Es divertida, alegre y tiene mucho sentido del humor. Debo reconocer que es una de mis cuentas favoritas. Volvió a Argentina después de vivir en India y en Bali y se reinventó. Hace muchos años creó una escuela en India y comparte su vida con sus 124 mil seguidores a través de Instagram. Su corazón es enorme y trasciende las pantallas. En esta entrevista nos cuenta sus experiencias más raras, su presente y reflexiona acerca de cómo fue volver a Buenos Aires en el medio de la pandemia.

¿Qué se imaginaba la Agos del 2000 (hace casi 22 años atrás) de cómo iban a ser sus próximos años? ¿Estás contenta con el camino recorrido?

Desde muy chica siempre soñé con viajar, ampliar mi conciencia y conocer nuevas culturas. Esto siempre fue mi deseo pero, es verdad que estoy en constante lucha porque a la vez tengo un costado muy conservador que le teme al cambio y lo padece. Por eso, si bien soñaba con viajar, a la vez, me costaba verme en otro lugar. Viajar, sí, pero volver al hogar siendo turista no iba a poder lograr conocer esos lugares que anhelaba en profundidad. O sea que siempre supe que era un desafío para mí y lo fue. Sabía que quería tener un hije en algún momento y viajar con él/ella. Así que en ese sentido pude concretar mi sueño de cuando tenía veintipico.
¿Si estoy contenta con el camino? Diría que sí. A mi edad no puedo decir que no porque todo lo que considero que debería haber hecho diferente me dio aprendizajes y me hace ser quién soy hoy. 


¿Qué significó para vos volver a Argentina “un tiempo” (que se extendió a 2 años por la pandemia) después de varios años de vivir en India y en Bali? ¿Querés volver?

Todavía lo estoy procesando. Me siento un poco tonta con esta última línea porque al final fue volver a mi país en un contexto adverso para el mundo entero dónde mucha gente la empezó a pasar mal y yo: tuve techo, comida, salud y compañía amorosa de muchas personas. Es decir, aclarando que soy una privilegiada, no me fue nada fácil.

Sin dudas cambiar de escenario es complicado pero, volver después de años de estar en otro lugar es muy complejo. No somos los mismos que nos fuimos y el lugar al que volvimos tampoco lo es. Además, habiendo vivido en Asia, que es tan distinto, y estando acostumbrada a vivir todos los días situaciones raras, culturalmente diversas, interesantes y diferentes y me volví un poco adicta a eso.

Mi vida era viajar cada dos meses, vivir entre naturaleza y cerca de un mar espectacular, tener que usar idiomas que nada tenían que ver con el mío para moverme día a día y muchas otras cosas cotidianas que me tenían fascinada. Yo realmente disfrutaba vivir en la diversidad y no saber qué iba a pasar cuando salía de casa. Todo podía suceder. Podía terminar haciendo una ceremonia en el templo en el medio de la selva o ir a la boda de la hija de alguien en India o frenar a probar una comida que nunca había comido antes o juntarme con amigos a ver el atardecer más lindo del mundo con los pies en la arena. Y de repente me encontré con 3 mudas de ropa y mi hija, en una casa que no era mía haciendo cuarentena estricta. Me mude 5 veces en un año. No tenía trabajo y dependía de mis ahorros y de que mi ex, del que me había separado medio año atrás y ya se había casado y mudado de continente con su nueva pareja, me pagara alimentos. Me sentí desesperada. 

Recuerdo que con el correr de los días, haciendo conciencia de que esta sería mi casa, me faltaba el verde. Miraba para afuera y me sentía enferma de ver todo gris. Hoy lo escribo y pienso que suena ridículo, me enviaría un sticker de «guienso?» pero les juro que fue duro.  Me había desacostumbrado a la ciudad, extrañaba el arrozal y  también mis miedos más arraigados a estar sola, a no tener de qué vivir y no sentirme en casa, estaban a flor de piel.
Fueron meses difíciles. Dos veces tuve una entrevista con una psiquiatra. Ambas veces pedí antidepresivos y las dos veces me dijo «No necesitas nada, es normal que estés triste. Estás haciendo varios duelos juntos». 
Todo esto siendo responsable de mi hija de 7 años. Creo que recién a mediados de este  2021 estuve un poco mejor y hoy voy a brindar en año nuevo por seguir creciendo y venciendo mis miedos y saliendo adelante. 
¿Si quiero volver? Siempre. 


¿Cómo se hace para vivir un tiempo en cada lado y combinar: maternidad, tu emprendimiento, Instagram y la vida privada? ¿Se hace más difícil con el crecimiento de Julia (su hija) o es igual?

Bueno, ya no viajo desde Marzo de 2020. Estuve todo este tiempo en Argentina y eso para mi cuenta de Instagram fue complicado. Yo vivía mostrando mis viajes y de repente ya no estaba viajando ni viviendo en Asia. También decidí no mostrar más a los niños indios cuya vida había compartido durante años, entonces ya no tenía ganas de compartir nada. Eso también fue difícil y todavía lo estoy transitando.  
Lo que puedo mencionar como positivo es que mi hija tiene una vida más estable y metódica. Cuando vivís armando una valija nunca realmente estas en ningun lado. Mis últimos años viví entre Indonesia, India y Argentina, y nunca tenía toda la ropa en un lugar ni acomodada perfecta porque siempre estaba la valija semi armada. Eso era fascinante para mí pero mi hija creo que lo padecía un poco. Ella ahora está contenta de tener sus dos casas y su rutina. Además acá en Argentina cuento con mis amigos tengo la chance de estar cerca de la persona que amo.


Contame tu experiencia o anécdota más rara en algún viaje. 
Tengo dos que atesoro entre miles: La mañana que ayudé a una mujer que había parido y no salía su placenta. Ella estaba en un charco de sangre y muy débil, la bebé helada. Las lleve al hospital y me dieron a la bebé recién nacida para llevarla a otro hospital mientras la mamá se recuperaba. Yo la arropé en mis brazos, le puse su primer pañal y sonda para que se alimentara. Luego su mamá necesitaba sangre y fui a buscarla a media hora del hospital. Cuando me dieron la cajita con las dos unidades de sangre salí del lugar y me persiguió un mono para robármela. Tuve que correr hasta el rickshaw para zafar. Llegué con la sangre al hospital y volví a ver a la bebé que ya estaba fuera de peligro, como su mamá. Fue un día extraordinario. 
Otro momento que atesoro fue en el sur de India, en la ciudad de Trichy. Fuí a un templo y me senté a observar a la gente. Charlé todo el día con mujeres que peregrinaban por  el sur juntas, visitando distintos templos. Ellas no hablaban casi inglés y yo no hablaba Tamil, pero de algún modo nos comunicamos y nos divertimos mucho. Me sentí muy cerca de ellas, como si nos conociéramos de toda la vida. Cuando nos despedimos ellas buscaron a alguien que hablara inglés para que me tradujera este mensaje: «No te vamos a olvidar». Yo tampoco me voy a olvidar de ese día ni de ellas, nunca.


Contanos de tu emprendimiento. ¿Qué planes tenés a nivel laboral?
En Bali creé una marca con unos amigos: «Inspirasi», objetos que nos encantaban de la isla. Cuando vine para Buenos Aires, después de un tiempo, abrí la tienda con mis pañuelos, que son pensados por mi y diseñados por una amiga balinesa y los amo. Además, trabajo con mi cuenta de Instagram y con clientes a los que les manejo las redes. También hago traducciones. Un poco de todo, siempre sigo ayudando a mi familia India y a les niñes que conocí trabajando allí. Mi idea es, cuando se pueda, volver a viajar y organizar viajes a India, Bali y otros lugares de Asia con mi amiga Tarini, con quien tenemos una relación especial. Hicimos un viaje en febrero de 2020 que fue tan mágico que todos los viajeros quedaron felices y hoy somos un grupo hermoso de amigos.

¿Por qué aceptaste la entrevista?

Porque me encanta  tu propuesta, tu estilo, tu sinceridad y alegría para comunicar. 

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