Soy fanática de los before & after. Ya lo saben. No lo puedo explicar con palabras pero lo intentaré. Cuando veo los cambios que realizan mis clientas me late muy fuerte el corazón. ¿Adrenalina? No, es algo más fuerte aún.
Ver como empiezan a sentir sus casas como sus hogares me encanta. Siento que es mi granito de arena que puedo aportar para que las personas se sientan mejor. Algunos salvan vidas, otros apagan incendios y yo te hago sentir feliz en tu casa.
Yendo a lo que todos quieren ver les dejo las fotos del antes y el después de un piso en Madrid. Particularmente en este caso necesitaban amueblar desde cero pero tenían algunos pocos muebles que habían comprado previamente.
Aquí las fotos del living:
ahora
ahoraantes
Y las fotos del comedor:
ahoraantes
Espero que les hayan gustado las nuevas incorporaciones y los cambios realizados.
Hoy les traigo 3 cocinas que encontré en Pinterest con una similitud: la madera.
El uso de materias primas contundentes/puras, están de moda. En diferentes ámbitos, como por ejemplo en el mundo de la cosmética, cada día nos acercamos más a volver a usar los productos más naturales posibles. Lo mismo pasa con la industria de la moda y no podría ser de otra manera en la decoración.
La madera es un material muy versátil que se puede utilizar para cocinas rústicas, pero también para cocinas modernas.
A mí particularmente me gustan mucho las cocinas con personalidad y diferentes al resto. ¡Estas tres me han enamorado!
Siempre que voy a un restaurant al que fui previamente, me pido el mismo plato que ya sé que me gustó. No me importa si fui a Dadá Bistró doscientas treinta y tres veces. Las doscientas treinta y tres veces voy a pedir las milanesitas con puré de papas y mostaza Dijon. Es así. Soy así. Por momentos me cuesta salir de mi zona de confort, pero en otros soy muy aventurera. Es como si fuera dos personas a la vez y lo loco es que la vida últimamente me tienta con dos direcciones diametralmente opuestas: asentarme y poder ir al mismo restaurant de siempre o girar por el mundo y salir a probar nuevos platos.
Muchas veces me preguntan a quién salí tan aventurera y yo respondo que a mi abuelo paterno Ampa. Esta respuesta me la facilitó mi prima Cata, porque la ironía está en que yo no conocí a mi abuelo. Bueno, sí. Teóricamente lo conocí, pero él sufría de Parkinson y ya no hablaba. Además falleció cuando yo tenía once años.
No sé si será que a los Jacks se nos da mejor la escritura que las palabras dichas, pero mi abuelo tenía un diario íntimo manuscrito donde fue describiendo distintos acontecimientos durante toda su vida: nacimientos, aumentos de sueldo, mudanzas, viajes, etc. Antes de morir quiso dejar su diario como legado y mi primo Ale pasó los manuscritos a máquina de escribir. Así fue como siento que realmente conocí, en primera persona, a Ampa después de que hubiera fallecido.
¿Cómo podía ser que ese señor -a quien recuerdo en Navidades tan indefenso, y sentado solo en el sillón mientras mis tíos, ya un poco borrachos, tiraban cañitas voladoras- fuera el mismo que había decidido irse a sus 70 años a la Polinesia? Parece ser que, de repente y sin previo aviso, quiso comprobar si todo lo que había imaginado y leído acerca de ese lugar paradisíaco era verdad. No imaginan lo que daría por haber sido una mosca y escuchar las cosas que le debe haber dicho por aquel entonces mi abuela Nanny, cuando él le informó que “ahora que estaba jubilado le parecía buena idea irse VARIOS MESES SOLO a recorrer la Polinesia”.
Me parece alucinante lo que hizo. Me imagino en su época lo que debe haber sido irse a un lugar así, solo, sin posibilidad de comunicarse o de tener una videollamada. Y todo esto simplemente porque quería sacarse la duda de si todo aquello que él se había imaginado leyendo libros era cierto.
Yo tan aventurera no creo ser, pero según mi familia “lo llevo en la sangre”. La verdad es que mi abuelo no me dejó una herencia material, sino una mucho mejor: la herencia de los aprendizajes…
El primero es que no importa la edad que tengas: nunca es tarde para salir de la zona de confort y cumplir sueños. Salir de ella te va a llevar a tener nuevas experiencias.
El segundo pensé que me lo había enseñado Adrián Dárgelos, el cantante de Babasónicos, cuando dice “(…) a la mierda lo que piensen de nosotros, a la mierda lo que piensen los demás (…)”, pero mi abuelo a su manera ya me lo había enseñado.
El tercer y último aprendizaje (de los que identifiqué hasta ahora) es el que más me gusta: heredé el arte de escribir y bajar a papel los pensamientos.
Como siempre les digo: no soy escritora, yo escribo para sanar y soltar. Les deseo y me deseo que salgamos de a ratos de nuestra zona de confort y nos animemos a probar nuevas experiencias y nuevos platos, sin importar si tenemos veinte, setenta o noventa años. El único requisito es estar vivos.
Por: Anastasia Jack
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Si hay alguien que le encantan los desafíos es a Hannah Sandling. Ella es inglesa y actualmente está viviendo en Uruguay. Es autora de dos libros y fue presentadora de la BBC. Entrevistó a los más grandes. Ahora decora las mesas más lindas y nos cuenta cómo fue expatriarse, cómo son sus días en Uruguay y cómo comenzó a decorar mesas.
¿Cómo es un día típico en tu vida en Uruguay?
Un típico día mío es uno ocupado. Tengo dos hijos (una de 5 y otro de 7 años) y tengo una rutina que me encanta. Me levanto muy temprano a las seis de la mañana, antes que todos. Luego medito por diez minutos, tomo mi café siempre al aire libre sin importar si hace frío, calor o llueve y disfruto de la paz y de la soledad. Después mi día puede pasar de estar muy tranquilo a estar a mil por hora. Despierto a los chicos y les cocino el desayuno. Somos una familia que come muy saludable porque mi hija de 5 años tiene diabetes tipo 1 y comemos lo más orgánico posible. No comemos azúcar ni gluten. Por suerte me encanta cocinar y hacer hasta mi propio yogurt casero. Luego llevo a los chicos al colegio que creamos “Garzón School” y después voy al gimnasio.
También me gusta leer mucho, pero actualmente estoy estudiando mucho acerca de la diabetes, debido al reciente diagnóstico de mi hija. Normalmente los chicos después de la escuela van a la playa, a tenis o a andar a caballo. Tanto mi marido y yo nos sumamos a esas actividades. Nos parece muy importante dedicar tiempo de calidad en familia. Soy una mamá muy presente y lo disfruto un montón. Estoy 100% disponible para ellos porque sé que es una etapa nada más. Pronto se convertirán en adultos y no quiero perderme ningún momento al lado de ellos porque esos momentos de la niñez son mágicos e increíbles. Amo ser mamá.
Antes, cuando vivía en Londres, yo trabajaba un montón. Mi vida era muy diferente. Era presentadora de la BBC en el canal 5 y hacía reportajes de “fashion style” y también de interiorismo. Publiqué dos libros: “The lazy goddess” y “The lazy princess” e incluso tuve mi propia columna en un diario que salía todos los domingos. Nunca me imaginé una vida sin trabajar y ahora que soy mamá trabajo de madre full time y, sorprendentemente para mí, ¡me encanta! Soy una afortunada porque Bruno, mi marido, hace todo conmigo y nos ocupamos de nuestros hijos juntos.
Durante todos los fines de semana hacemos muchos almuerzos. Nos gusta mucho recibir familia y amigos. Me encanta decorar mesas, cocinar y disfrutar con mis invitados y mi familia.
¿Qué querías hacer o trabajar cuando eras pequeña?
Siempre quise ser presentadora de televisión. Cuando tenía 6 años cocinaba tortas y le hablaba a un azulejo que tenía una flor simulando que era una cámara. “¡Buenos días! Bienvenidos al programa de Hannah. Hoy vamos a cocinar unos brownies de chocolate” decía jugando… 20 años después me convertí en una presentadora y lo disfruté un montón. Además, siempre me gustó mucho escribir y siempre estaba buscando competencias de escritura y poesía.
Tuve suerte porque vivía en Londres y ahí hay muchas oportunidades y debo confesar que también me encanta charlar así que siempre estaba encontrando nuevos contactos porque hablaba con todo el mundo. No tenía hijos, podía salir y al otro día ir a trabajar y dejarlo todo.
En definitiva, siempre supe que quería hacer algo creativo y fui a la universidad y estudié 4 años en la escuela de arte. Exhibí mis pinturas en la “National Gallery of London” y en distintos lugares más.
¿A qué se debió el cambio de vivir en Londres y trabajar en BBC siendo conductora y autora de varios artículos a vivir en Pueblo Garzón, Uruguay?
El cambio se debió a que me enamoré. En realidad, antes de mudarme a Uruguay, me mudé a Argentina. Lo hice por amor y viví por 5 años en Salta. Amo los desafíos y es gracioso porque me gusta vivir siempre en la misma casa, pero me encanta salir de mi zona de confort. Soy de esas personas muy hiperactivas y toda esa energía que tengo la uso ya sea para resolver problemas, desafíos o hacer cosas por y con los demás.
De alguna manera mirándolo hacia atrás veo que estaba lista para hacer ese gran cambio. Trabajé tan duro en Inglaterra los siete días de la semana durante años. ¡Imaginate cuando le tuve que decir a mi agente que me mudaba y no iba a trabajar más en el UK! De todas maneras, por algunos años continué escribiendo a la distancia, pero era difícil porque escribía para gente que le hubiera gustado que yo vaya personalmente y me presente en la televisión y un día me di cuenta que no era muy viable hacerlo a la distancia.
¿Cómo fue para vos mudarte de Inglaterra a Uruguay? ¿Notás las diferencias culturales?
El cambio a Uruguay no fue tan fuerte porque considero que sobre todo Punta del Este es bastante europeo, pero el cambio a Argentina sí fue mucho más fuerte porque Salta es muy distinto a Londres, pero amé vivir allí. Vivía rodeada de llamas y de gallinas que corrían por la calle. Era exótico y me encantaba. Es cierto que el cambio cultural fue grande. Cuando planeamos tener hijos decidimos que Uruguay era el mejor lugar porque estaba cerca del mar y geográficamente estábamos mejor conectados para volar a Madrid o Miami que desde Salta… Debo reconocer que extraño mucho Salta, fue una época muy especial.
¿Qué es lo que más te gusta de vivir en Uruguay?
De Uruguay me gustan un montón de cosas. La lista es infinita. Amo la gente, el espacio y lo seguro que se siente para criar mis hijos. Hay una mezcla multicultural enorme, sobre todo después del COVID. Hay gente de Mongolia, Siberia, Estados Unidos, Francia, Malasia, Rusia, Australia, Inglaterra, Argentina, etc. En algún punto se siente como estar en Londres. Mis hijos se crían y rodean con gente de muchos países. ¡Me encanta!
Otra cosa que me gusta mucho es que la gente tiene y se hace tiempo. Te invitan a almorzar el sábado con pocos días de aviso y todo es más casual. En Londres la gente está muy ocupada y te avisa con 3 meses de anticipación para invitarte a comer. Acá la gente es muy sociable y tiene tiempo para disfrutar de lo simple.
¿Cuándo empezaste a decorar mesas? ¿Siempre supiste que era eso a lo que querías dedicarte?
Empecé hace 6 años a decorar mesas. Al principio simplemente decoraba las mesas en mi casa cuando recibía gente y a mis invitados les encantaba. Un día Heidi Lender (fundadora de “Campo”) me pidió como favor que decore una mesa para un evento de recaudación de fondos y yo instantáneamente le dije que sí sin preguntar para cuantas personas era. Como no había presupuesto le propuse recortar ramas, flores silvestres del campo, comprar trapos baratos, tela de arpillera, etc. Yo imaginé que iban a ser 10 o 15 personas y era para ¡150 comensales! No lo podía creer…pero esta es la historia de mi vida y me encantan los desafíos.
El día anterior estuve todo el día recortando hojas y todo lo que encontré. Ahora me obsesioné con vestir y decorar las mesas. Cada vez que viajo llevo mi valija vacía. Cualquier persona compraría ropa o perfumes en cambio, yo, compro cualquier cosa para decorar mesas: manteles, cucharitas, posa velas, servilletas, copas, etc. Amo recorrer locales y anticuarios.
En casa tengo un galpón enorme donde tengo todo organizado por colores, cajas y secciones. Soy súper organizada y puedo pasarme el día mirando todo lo que tengo. No gasto mucho dinero en las cosas que compro. Algunas veces puedo invertir un poco más en algún objeto que provoque la sensación de “WOW”, pero generalmente no. Créase o no una simple servilleta beige de Devoto o Tienda Inglesa con un “porta servilleta” hecho con un moño puede quedar alucinante. Muchas veces uso frutas y verduras, que luego comemos, para decorar.
Mis invitados siempre están sorprendidos con las mesas que armo y a decir verdad es una buena manera de romper el hielo cuando llegan porque siempre me preguntan cómo decoré la mesa o dónde conseguí la decoración.
Tocando madera para que nunca pase, si mi casa se prendiese fuego sacaría, además de a mi familia, todos los objetos que uso para decorar las mesas y los álbumes de fotos.
¿En qué te inspirás para armar una mesa? ¿Las imaginás antes de crearlas o te inspirás en el momento de armarlas?
Es una buena pregunta. A veces decido 5 minutos antes de poner la mesa y puede que hasta que me guíe con lo que tengo puesto, pero otras veces me tomo 6 meses para ver qué voy a hacer por ejemplo con la mesa navideña. Me entusiasma muchísimo. De hecho, muchas veces hago las mesas para los cumpleaños de mis amigas. Lo disfruto tanto que lo hago encantada. La inspiración viene de todos lados. A veces simplemente estoy en la playa y veo un caracol y se me ocurren ideas y otras veces puedo estar en casa y sorprenderme al ver un porta vela y comenzar a decorar a partir de un solo objeto.
Estas son algunas de las fotos de sus súper mesas:
Ale me contactó porque junto a una arquitecta estaba reformando su casa, pero necesitaba ayuda con la deco y definir tanto living como su habitación.
Aún falta el respaldo de cama, pero quiero que vean cuánto amor y ganas de estar ahí transmite la foto actual ♥️ ¡Les dejo la foto actual, la propuesta y el antes para que vean la gran transformación!
Ahora
Propuesta
Antes
Principalmente el primer gran cambio fue la distribución (tan simple como mover muebles de lugar) y el segundo gran cambio es la ropa de cama y esos cuadros alucinantes. ¡Una vez elegida la paleta de colores es más fácil elegir todo lo demás! Confíen en mí cuando les digo que todo se trata de los detalles…
Cuando Puli me contactó ella acababa de mudarse. Me acuerdo que me contó que era veterinaria, que trabajaba con caballos y que vivía junto a su perrito.
Su piso está ubicado en la zona norte de Buenos Aires y necesitaba ayuda para sentirse «como en casa». Cada asesoría es personalizada y única. Con Puli sabíamos que íbamos ir de a poquito, a paso firme y que ella se daba mucha maña para los D.I.Y (Do it yourself-hacelo vos misma). ¿Les dije que también pinta acuarelas? Una genia total.
Primero seleccionamos juntas con qué muebles se iba a quedar y luego busqué una paleta de colores que se adaptara. La ayudé con la incorporación de pequeñas decoraciones, le enseñé cómo lograr un punto focal en la pared y qué medidas y alturas deben tener los cuadros en relación al sillón. Incorporamos cortinas de gasa y además elegimos telas y colores para retapizar tanto los almohadones existentes como el sillón. ¡Todo lo hizo ella con sus propias manos!
Esta entrega va a ser polémica, lo sé. Estoy dispuesta a correr ese riesgo… y algunos otros también. En la vida no todo es blanco o negro. Como ya les conté, este es un aprendizaje que aún estoy incorporando. Siempre fui extremista: a mi entender, las cosas están bien o están mal; las acciones se hacen con buenas o malas intenciones; las personas están vivas o muertas.
Pero el destino tiene ese no sé qué, que te ubica en la vida en situaciones que te obligan a desaprender aquello que crees que es una verdad absoluta. Normalmente noto que mi entorno y yo no hablamos de la muerte. ¿Les pasa? No sé si es que en el fondo creemos que si hablamos de eso lo vamos a atraer, pero incluso me doy cuenta de que cuando acompañamos a personas con enfermedades terminales solemos usar frases como “no pienses en eso” o la famosa “vos te vas a poner mejor”. ¿Por qué le tenemos miedo a la muerte si es con la única certeza que nacemos? Al fin y al cabo, todos vamos a morir.
Ninguna muerte es fácil de aceptar y particularmente en mi historia, encontré la manera de seguir conectada a mi mamá aceptando y recibiendo lo que yo llamo “mensajes del más allá”. No se asusten, no les vengo a contar que se me aparece en carne y hueso ni nada por el estilo, pero tiene algunas maneras de hacerme sentir que, de alguna forma y desde algún lugar que no conozco, ella está cerca.
Si prestaron atención en la tapa de la revista, en esta edición habrán visto una playa con un caracol. No es cualquier caracol. Solamente algunas personas muy cercanas a mí saben qué significa y hoy se los voy a contar a más de dos mil quinientas personas. Ese tipo de caracol se llama “Sand Dollar” y para mí y para mi familia tiene una connotación muy especial.
Cuando era chiquita, desde los 3 hasta los 15 años que mi mamá falleció, me iba con toda mi familia a veranear a Sauce Grande (Provincia de Buenos Aires). Quizás algunas de ustedes se acuerden que el mes pasado, en mi visita a Argentina, fui con mi papá y con mi hermana después de muchísimos años y les mostré un caminito de vegetación que desemboca en una playa desolada. Es un lugar simple -con una mezcla de campo y playa- donde, sobre todo cuando yo era chica, no había mucho más que hacer que disfrutar del aire libre, hacer chozas, meterse al mar y salir a caminar en búsqueda de un Sand Dollar.
Este objeto redondo es muy, muy frágil. Por esto, y también debido a las grandes olas de la zona, es muy difícil encontrar un Sand Dollar entero. De eso se trataba el juego. Todos los años mi mamá junto a sus amigas Sandra, Desirée y Bimba salían por las mañanas a buscar uno. Recorrían kilómetros y kilómetros. Al día de hoy recuerdo la felicidad de mi mamá cuando volvía con uno entero en su mano. Encontrar un “tesoro” de estos auguraba un buen año y lamentablemente al ser tan difíciles de encontrar, no todos los años corría con esa suerte.
Cuando cumplí 22 años me fui de roadtrip con el chico quien salía (que hoy es un re amigo mío) unos meses por Estados Unidos. Recorrimos en camioneta un poco de California, Oregon, Utah y Nevada. Faltaban poquitos días para mi cumpleaños y yo estaba un poco más sensible de lo normal. Me acuerdo que tenía un montón de preguntas e inquietudes y le pedí a mi mamá que si me estaba escuchando y si yo estaba en el lugar correcto me mandara una señal.
No era un viaje “normal” donde uno tiene un itinerario específico para recorrer. Lo entenderían si conocieran a Lucas, la vida con él te sorprende a cada segundo. Nunca sabés en qué está pensando y es de las personas más locas e emocionalmente inteligentes que conozco. Lo que les quiero decir con esto es que cada mañana agarrábamos la camioneta e íbamos a donde nos llevara la intuición.
El 6 de mayo, el día antes de mi cumpleaños, paramos en un pueblito costero y vimos que había una bajada hacia el mar. Nos pareció una buena idea frenar. Me saqué las zapatillas, pisé la arena y empecé a caminar hacia el agua. Cuando faltaban pocos metros para nuestro encuentro ni mis ojos ni mi cerebro podían creer lo que estaban viendo. Nunca había visto nada igual. La playa estaba repleta de Sand Dollars enteros. No les miento que les escribo y se me pone la piel de gallina. No había un Sand Dollar entero, había miles. Contar esta historia siempre me emociona porque estoy segura de que esa fue nuestra señal.
Como esa señal tengo muchas para contarles, pero esta que les voy a contar no me sucedió a mí, sino a la mujer de mi papá. Ella me contó, hace muchos años, que se le apareció mi mamá en un sueño y le dijo que estaba contenta de que mi papá estuviera con ella y que quería que le diga a él que se quede tranquilo que estaba feliz y muy bien. En el mismo sueño, la actual mujer de mi papá le decía “esto es un sueño… cuando me despierte Dickie (mi papá) no me va a creer” y mamá le respondió que sí, que le iba a creer. Ese sueño según la mujer de mi papá se terminó y apareció una nueva imagen que no tenía nada que ver. Lo que ella vio fue una puerta abrirse y un gatito que entraba a una habitación. De fondo se escuchaban risas de niños. Ella no lo asoció con nada, pero cuando se despertó y le contó a mi papá a él se le llenaron los ojos de lágrimas y recordó que hace muchísimos años, cuando yo aún no existía, mi papá fue con mis hermanos a elegir un gatito para regalárselo a mi mamá. Cuando volvieron ella estaba en la terraza tomando sol y ellos la sorprendieron abriendo la puerta y dejando entrar al gatito. Los que se reían eran mis hermanos.
¿Creer o reventar? Yo elijo creer.
Creemos dominar el mañana y eso nos da seguridad. Damos por hecho que mañana vamos a despertar y todo va a estar exactamente igual, pero si viviéramos con la certeza de que no sabemos qué va a ocurrir el siguiente día, ¿seguiríamos actuando igual?
Por: Anastasia Jack
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No es la única manera de agradecer, también podés escribirme y contarme qué te pareció y/o recomendarme a tus amigos. De cualquier manera estoy feliz que hayas llegado hasta acá leyendome ¡Gracias!
Florencia Chichoni, o más conocida como «Florcheando» es de las geminianas que querés tener en tu vida. Auténtica, graciosa y audaz. Comparte su día a día a través de Instagram (@florcheando) con sus casi 15k seguidores y siempre lo hace sin pelos en la lengua. Muy probablemente la vas a ver disfrutando de un rico gin tonic, comiendo un alfajor. o escuchando buena música. Ella es alguien que va para adelante. La conocí hace varios años cuando literalmente desarmaba su casa de Pitttsburgh y re-comenzaba su vida en Buenos Aires con sus hijos. La admiré desde el segundo uno cuando vi que con sus propias manos transformó la casa casi en ruinas a la que se había mudado.
¿Crees en los mensajes del más allá? ¿Viviste alguna experiencia paranormal?
Creo, y lo digo muy convencida, en los mensajes del más alla. Creo en las experiencias tanto buenas como malas. Le tengo mucho respeto a todo ese tema porque siento que nuestra mente es muy pequeña para entender tanta inmensidad.
Tuve varias experiencias paranormales. Pero tengo una preferida. Un espiritu al que le tomé mucho cariño: viviamos en U.S.A, en un departamento muy lindo y yo notaba una presencia. La sentía y lo afirmaba segurísima aunque todos me burlaban y decían que era imposible. ¡Hubo veces que hasta escuché su murmullo! Jamás me dió miedo. Siempre que entraba a darme una ducha le pedía (mitad jugando, mitad en serio) que me cuidara los bebés.
Lo sentía en ciertas partes de la casa y convivimos pacíficamente por 2 años. Cuando nos mudamos, fingí olvidarme algo en el departamento solo para tener la excusa de volver para despedirme de él. Le agradecí su compañia y le dije que esperaba que la nueva familia que viniera pudiera sentirlo de la misma manera que lo sentí yo. Lloré al decirle adiós a ese amigo invisible.
¿Y sabés qué? La primera noche ya mudados, el papá de los chicos confesó que él también lo había sentido, pero me había negado su presencia para que yo no me asustara. Y yo no solo no me asustaba sino que lamentaba que no iba a sentir su compañía nunca más. Lo recuerdo con cariño y espero que donde sea que esté, que se encuentre en paz.
¿Cómo fue tu comienzo en Instagram y qué es esta red social para vos hoy?
Instagram comenzó siendo un lugar dónde mi familia podía ser parte de nuestra vida en el día a día estando lejos de nuestro país. Era una manera rápida, instantánea de que vean a mis hijos, mi casa, mis cosas. Poco a poco esa familia se fue extendiendo y ahora somos un familión de casi 15,000 personas. Y para mí mi cuenta es eso, un compartir mi vida con seres increíbles. Muchas, muchísimas veces recurrí a este clan de desequilibradas para contarles lo que me pasaba, para preguntarles qué hacer, para pedirles consejos, para llorar, para buscar fuerzas cuando sentía que no podía, o simplemente para decirles una y mil veces “Me voy a dejar crecer el pelo”
Comparto mucho. Y se alegran conmigo con las cosas lindas y ofrecen abrazos en los momentos difíciles. Soy una agradecida de esta cuenta. Y estoy convencida que quienes me siguen no tienen idea de lo importantes que son para mí. Son angeles. Son sostén.
¿Cómo fue para vos volver a Argentina con tus hijos luego de separarte? ¿Te adaptaste? ¿Estás feliz o satisfecha con la decisión?
Volver a la Argentina fue la más facil y la más difícil determinación. Todo junto. Al mismo tiempo, pero definitivamente lo volvería a hacer. Extraño mucho Pitt (extraño mis lazos, que se estiraron pero siguen firmes y fuertes) No me arrepiento y viendo hoy como está todo a mi alrededor, definitivamente fue la determinación correcta.
Hoy estás felizmente en pareja con “el arquitecto”, ¿cómo se conocieron?
Con “El Arquitecto” (N.D.R: su pareja actual) hubo presentación. Primero nos escribímos y charlamos por Whatsapp durante un par de semanas. Luego nos conocimos en persona y fue una cita bellísima donde nos divertimos muchísimo. Después de un par de citas (en persona y virtual) ambos sentimos que juntos la podríamos pasar muy genial y que sería buena idea seguir saliendo.
Y aquí estamos. Confirmamos que juntos la pasamos bárbaro y seguímos creyendo que es una muy buena idea seguir compartiendo nuestras vidas.
¿Cómo te visualizás de acá a 5 años? ¿Qué objetivo te gustaría haber llegado a cumplir?
Me cuesta mucho ponerme a visualizar mi futuro. Después de ser expatriada siento que no puedo proyectar porque no sé que puede pasar. Ni siquiera sé quien seré yo en un año. Aprendí a ir día a día. Pero si me pongo a pensar que visualizo, te diría que espero verme sana, feliz y con mi entorno de la misma manera.
Siempre me haces reír cuando hablás de que sos de géminis. ¿Cómo te describirías y por qué sos “tan géminis que duele”?
Me describo muy social y al mismo tiempo disfruto mucho estando sola conmigo misma. Me mimo. Me consiento. Soy tan géminis porque creo que me invade una necesidad de comunicación enorme. Yo necesito comunicarme. No importa cómo. Y no es solo el hecho de ser escuchada, sino también de escuchar a los demás. Hablar. Dialogar. Bueno, sí, chusmear también (¡hola, GÉMINIS!). El peor castigo que podés darme es el silencio. Otra característica es mi humor cambiante, pero aclaremos algo: no es solo lo ciclotímico, sino el hecho de que puedo enojarme y a los 5 minutos se me olvida y es como si nada hubiese pasado. No puedo con la confrontación. El enojo. La vida es muy corta como para estar peleando.
¿Cómo era Florencia de chica y qué quería ser de grande? ¿Pensás que la vida está escrita o que uno va tomando decisiones y haciendo camino al andar?
La Flor de chica era medio payasa. Era la chispita. Era la que vencía su propia timidez e inseguridades por medio del humor. Esa fue una excelente manera de vencer miedos y sobrepasar situaciones difíciles. El humor me salva y respecto a nuestras determinaciones, creo que todo es por algo (aunque a veces esa respuesta no la tenemos hasta mucho tiempo después). Pero definitivamente nuestras acciones tienen consecuencias y somos nosotros los responsables de cada acción que realizamos, y también responsables de las que no.
¿Por qué aceptaste esta entrevista?
Acepté esta entrevista simplemente porque es una suerte y un honor para mí que me lo pidieras. Porque sos como una lucesita que cualquiera quiere tener cerca y porque soy geminina y me encanta charlar.