
Siempre que voy a un restaurant al que fui previamente, me pido el mismo plato que ya sé que me gustó. No me importa si fui a Dadá Bistró doscientas treinta y tres veces. Las doscientas treinta y tres veces voy a pedir las milanesitas con puré de papas y mostaza Dijon. Es así. Soy así. Por momentos me cuesta salir de mi zona de confort, pero en otros soy muy aventurera. Es como si fuera dos personas a la vez y lo loco es que la vida últimamente me tienta con dos direcciones diametralmente opuestas: asentarme y poder ir al mismo restaurant de siempre o girar por el mundo y salir a probar nuevos platos.
Muchas veces me preguntan a quién salí tan aventurera y yo respondo que a mi abuelo paterno Ampa. Esta respuesta me la facilitó mi prima Cata, porque la ironía está en que yo no conocí a mi abuelo. Bueno, sí. Teóricamente lo conocí, pero él sufría de Parkinson y ya no hablaba. Además falleció cuando yo tenía once años.
No sé si será que a los Jacks se nos da mejor la escritura que las palabras dichas, pero mi abuelo tenía un diario íntimo manuscrito donde fue describiendo distintos acontecimientos durante toda su vida: nacimientos, aumentos de sueldo, mudanzas, viajes, etc. Antes de morir quiso dejar su diario como legado y mi primo Ale pasó los manuscritos a máquina de escribir. Así fue como siento que realmente conocí, en primera persona, a Ampa después de que hubiera fallecido.
¿Cómo podía ser que ese señor -a quien recuerdo en Navidades tan indefenso, y sentado solo en el sillón mientras mis tíos, ya un poco borrachos, tiraban cañitas voladoras- fuera el mismo que había decidido irse a sus 70 años a la Polinesia? Parece ser que, de repente y sin previo aviso, quiso comprobar si todo lo que había imaginado y leído acerca de ese lugar paradisíaco era verdad. No imaginan lo que daría por haber sido una mosca y escuchar las cosas que le debe haber dicho por aquel entonces mi abuela Nanny, cuando él le informó que “ahora que estaba jubilado le parecía buena idea irse VARIOS MESES SOLO a recorrer la Polinesia”.
Me parece alucinante lo que hizo. Me imagino en su época lo que debe haber sido irse a un lugar así, solo, sin posibilidad de comunicarse o de tener una videollamada. Y todo esto simplemente porque quería sacarse la duda de si todo aquello que él se había imaginado leyendo libros era cierto.
Yo tan aventurera no creo ser, pero según mi familia “lo llevo en la sangre”. La verdad es que mi abuelo no me dejó una herencia material, sino una mucho mejor: la herencia de los aprendizajes…
- El primero es que no importa la edad que tengas: nunca es tarde para salir de la zona de confort y cumplir sueños. Salir de ella te va a llevar a tener nuevas experiencias.
- El segundo pensé que me lo había enseñado Adrián Dárgelos, el cantante de Babasónicos, cuando dice “(…) a la mierda lo que piensen de nosotros, a la mierda lo que piensen los demás (…)”, pero mi abuelo a su manera ya me lo había enseñado.
- El tercer y último aprendizaje (de los que identifiqué hasta ahora) es el que más me gusta: heredé el arte de escribir y bajar a papel los pensamientos.
Como siempre les digo: no soy escritora, yo escribo para sanar y soltar. Les deseo y me deseo que salgamos de a ratos de nuestra zona de confort y nos animemos a probar nuevas experiencias y nuevos platos, sin importar si tenemos veinte, setenta o noventa años. El único requisito es estar vivos.
Por: Anastasia Jack
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Si hay alguien que le encantan los desafíos es a Hannah Sandling. Ella es inglesa y actualmente está viviendo en Uruguay. Es autora de dos libros y fue presentadora de la BBC. Entrevistó a los más grandes. Ahora decora las mesas más lindas y nos cuenta cómo fue expatriarse, cómo son sus días en Uruguay y cómo comenzó a decorar mesas.
¿Cómo es un día típico en tu vida en Uruguay?
Un típico día mío es uno ocupado. Tengo dos hijos (una de 5 y otro de 7 años) y tengo una rutina que me encanta. Me levanto muy temprano a las seis de la mañana, antes que todos. Luego medito por diez minutos, tomo mi café siempre al aire libre sin importar si hace frío, calor o llueve y disfruto de la paz y de la soledad. Después mi día puede pasar de estar muy tranquilo a estar a mil por hora. Despierto a los chicos y les cocino el desayuno. Somos una familia que come muy saludable porque mi hija de 5 años tiene diabetes tipo 1 y comemos lo más orgánico posible. No comemos azúcar ni gluten. Por suerte me encanta cocinar y hacer hasta mi propio yogurt casero. Luego llevo a los chicos al colegio que creamos “Garzón School” y después voy al gimnasio.
También me gusta leer mucho, pero actualmente estoy estudiando mucho acerca de la diabetes, debido al reciente diagnóstico de mi hija. Normalmente los chicos después de la escuela van a la playa, a tenis o a andar a caballo. Tanto mi marido y yo nos sumamos a esas actividades. Nos parece muy importante dedicar tiempo de calidad en familia. Soy una mamá muy presente y lo disfruto un montón. Estoy 100% disponible para ellos porque sé que es una etapa nada más. Pronto se convertirán en adultos y no quiero perderme ningún momento al lado de ellos porque esos momentos de la niñez son mágicos e increíbles. Amo ser mamá.
Antes, cuando vivía en Londres, yo trabajaba un montón. Mi vida era muy diferente. Era presentadora de la BBC en el canal 5 y hacía reportajes de “fashion style” y también de interiorismo. Publiqué dos libros: “The lazy goddess” y “The lazy princess” e incluso tuve mi propia columna en un diario que salía todos los domingos. Nunca me imaginé una vida sin trabajar y ahora que soy mamá trabajo de madre full time y, sorprendentemente para mí, ¡me encanta! Soy una afortunada porque Bruno, mi marido, hace todo conmigo y nos ocupamos de nuestros hijos juntos.
Durante todos los fines de semana hacemos muchos almuerzos. Nos gusta mucho recibir familia y amigos. Me encanta decorar mesas, cocinar y disfrutar con mis invitados y mi familia.
¿Qué querías hacer o trabajar cuando eras pequeña?
Siempre quise ser presentadora de televisión. Cuando tenía 6 años cocinaba tortas y le hablaba a un azulejo que tenía una flor simulando que era una cámara. “¡Buenos días! Bienvenidos al programa de Hannah. Hoy vamos a cocinar unos brownies de chocolate” decía jugando… 20 años después me convertí en una presentadora y lo disfruté un montón. Además, siempre me gustó mucho escribir y siempre estaba buscando competencias de escritura y poesía.
Tuve suerte porque vivía en Londres y ahí hay muchas oportunidades y debo confesar que también me encanta charlar así que siempre estaba encontrando nuevos contactos porque hablaba con todo el mundo. No tenía hijos, podía salir y al otro día ir a trabajar y dejarlo todo.
En definitiva, siempre supe que quería hacer algo creativo y fui a la universidad y estudié 4 años en la escuela de arte. Exhibí mis pinturas en la “National Gallery of London” y en distintos lugares más.
¿A qué se debió el cambio de vivir en Londres y trabajar en BBC siendo conductora y autora de varios artículos a vivir en Pueblo Garzón, Uruguay?
El cambio se debió a que me enamoré. En realidad, antes de mudarme a Uruguay, me mudé a Argentina. Lo hice por amor y viví por 5 años en Salta. Amo los desafíos y es gracioso porque me gusta vivir siempre en la misma casa, pero me encanta salir de mi zona de confort. Soy de esas personas muy hiperactivas y toda esa energía que tengo la uso ya sea para resolver problemas, desafíos o hacer cosas por y con los demás.
De alguna manera mirándolo hacia atrás veo que estaba lista para hacer ese gran cambio. Trabajé tan duro en Inglaterra los siete días de la semana durante años. ¡Imaginate cuando le tuve que decir a mi agente que me mudaba y no iba a trabajar más en el UK! De todas maneras, por algunos años continué escribiendo a la distancia, pero era difícil porque escribía para gente que le hubiera gustado que yo vaya personalmente y me presente en la televisión y un día me di cuenta que no era muy viable hacerlo a la distancia.
¿Cómo fue para vos mudarte de Inglaterra a Uruguay? ¿Notás las diferencias culturales?
El cambio a Uruguay no fue tan fuerte porque considero que sobre todo Punta del Este es bastante europeo, pero el cambio a Argentina sí fue mucho más fuerte porque Salta es muy distinto a Londres, pero amé vivir allí. Vivía rodeada de llamas y de gallinas que corrían por la calle. Era exótico y me encantaba. Es cierto que el cambio cultural fue grande. Cuando planeamos tener hijos decidimos que Uruguay era el mejor lugar porque estaba cerca del mar y geográficamente estábamos mejor conectados para volar a Madrid o Miami que desde Salta… Debo reconocer que extraño mucho Salta, fue una época muy especial.
¿Qué es lo que más te gusta de vivir en Uruguay?
De Uruguay me gustan un montón de cosas. La lista es infinita. Amo la gente, el espacio y lo seguro que se siente para criar mis hijos. Hay una mezcla multicultural enorme, sobre todo después del COVID. Hay gente de Mongolia, Siberia, Estados Unidos, Francia, Malasia, Rusia, Australia, Inglaterra, Argentina, etc. En algún punto se siente como estar en Londres. Mis hijos se crían y rodean con gente de muchos países. ¡Me encanta!
Otra cosa que me gusta mucho es que la gente tiene y se hace tiempo. Te invitan a almorzar el sábado con pocos días de aviso y todo es más casual. En Londres la gente está muy ocupada y te avisa con 3 meses de anticipación para invitarte a comer. Acá la gente es muy sociable y tiene tiempo para disfrutar de lo simple.
¿Cuándo empezaste a decorar mesas? ¿Siempre supiste que era eso a lo que querías dedicarte?
Empecé hace 6 años a decorar mesas. Al principio simplemente decoraba las mesas en mi casa cuando recibía gente y a mis invitados les encantaba. Un día Heidi Lender (fundadora de “Campo”) me pidió como favor que decore una mesa para un evento de recaudación de fondos y yo instantáneamente le dije que sí sin preguntar para cuantas personas era. Como no había presupuesto le propuse recortar ramas, flores silvestres del campo, comprar trapos baratos, tela de arpillera, etc. Yo imaginé que iban a ser 10 o 15 personas y era para ¡150 comensales! No lo podía creer…pero esta es la historia de mi vida y me encantan los desafíos.
El día anterior estuve todo el día recortando hojas y todo lo que encontré. Ahora me obsesioné con vestir y decorar las mesas. Cada vez que viajo llevo mi valija vacía. Cualquier persona compraría ropa o perfumes en cambio, yo, compro cualquier cosa para decorar mesas: manteles, cucharitas, posa velas, servilletas, copas, etc. Amo recorrer locales y anticuarios.
En casa tengo un galpón enorme donde tengo todo organizado por colores, cajas y secciones. Soy súper organizada y puedo pasarme el día mirando todo lo que tengo. No gasto mucho dinero en las cosas que compro. Algunas veces puedo invertir un poco más en algún objeto que provoque la sensación de “WOW”, pero generalmente no. Créase o no una simple servilleta beige de Devoto o Tienda Inglesa con un “porta servilleta” hecho con un moño puede quedar alucinante. Muchas veces uso frutas y verduras, que luego comemos, para decorar.
Mis invitados siempre están sorprendidos con las mesas que armo y a decir verdad es una buena manera de romper el hielo cuando llegan porque siempre me preguntan cómo decoré la mesa o dónde conseguí la decoración.
Tocando madera para que nunca pase, si mi casa se prendiese fuego sacaría, además de a mi familia, todos los objetos que uso para decorar las mesas y los álbumes de fotos.
¿En qué te inspirás para armar una mesa? ¿Las imaginás antes de crearlas o te inspirás en el momento de armarlas?
Es una buena pregunta. A veces decido 5 minutos antes de poner la mesa y puede que hasta que me guíe con lo que tengo puesto, pero otras veces me tomo 6 meses para ver qué voy a hacer por ejemplo con la mesa navideña. Me entusiasma muchísimo. De hecho, muchas veces hago las mesas para los cumpleaños de mis amigas. Lo disfruto tanto que lo hago encantada. La inspiración viene de todos lados. A veces simplemente estoy en la playa y veo un caracol y se me ocurren ideas y otras veces puedo estar en casa y sorprenderme al ver un porta vela y comenzar a decorar a partir de un solo objeto.
Estas son algunas de las fotos de sus súper mesas:



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