
Esta entrega va a ser polémica, lo sé. Estoy dispuesta a correr ese riesgo… y algunos otros también. En la vida no todo es blanco o negro. Como ya les conté, este es un aprendizaje que aún estoy incorporando. Siempre fui extremista: a mi entender, las cosas están bien o están mal; las acciones se hacen con buenas o malas intenciones; las personas están vivas o muertas.
Pero el destino tiene ese no sé qué, que te ubica en la vida en situaciones que te obligan a desaprender aquello que crees que es una verdad absoluta. Normalmente noto que mi entorno y yo no hablamos de la muerte. ¿Les pasa? No sé si es que en el fondo creemos que si hablamos de eso lo vamos a atraer, pero incluso me doy cuenta de que cuando acompañamos a personas con enfermedades terminales solemos usar frases como “no pienses en eso” o la famosa “vos te vas a poner mejor”. ¿Por qué le tenemos miedo a la muerte si es con la única certeza que nacemos? Al fin y al cabo, todos vamos a morir.
Ninguna muerte es fácil de aceptar y particularmente en mi historia, encontré la manera de seguir conectada a mi mamá aceptando y recibiendo lo que yo llamo “mensajes del más allá”. No se asusten, no les vengo a contar que se me aparece en carne y hueso ni nada por el estilo, pero tiene algunas maneras de hacerme sentir que, de alguna forma y desde algún lugar que no conozco, ella está cerca.
Si prestaron atención en la tapa de la revista, en esta edición habrán visto una playa con un caracol. No es cualquier caracol. Solamente algunas personas muy cercanas a mí saben qué significa y hoy se los voy a contar a más de dos mil quinientas personas. Ese tipo de caracol se llama “Sand Dollar” y para mí y para mi familia tiene una connotación muy especial.
Cuando era chiquita, desde los 3 hasta los 15 años que mi mamá falleció, me iba con toda mi familia a veranear a Sauce Grande (Provincia de Buenos Aires). Quizás algunas de ustedes se acuerden que el mes pasado, en mi visita a Argentina, fui con mi papá y con mi hermana después de muchísimos años y les mostré un caminito de vegetación que desemboca en una playa desolada. Es un lugar simple -con una mezcla de campo y playa- donde, sobre todo cuando yo era chica, no había mucho más que hacer que disfrutar del aire libre, hacer chozas, meterse al mar y salir a caminar en búsqueda de un Sand Dollar.
Este objeto redondo es muy, muy frágil. Por esto, y también debido a las grandes olas de la zona, es muy difícil encontrar un Sand Dollar entero. De eso se trataba el juego. Todos los años mi mamá junto a sus amigas Sandra, Desirée y Bimba salían por las mañanas a buscar uno. Recorrían kilómetros y kilómetros. Al día de hoy recuerdo la felicidad de mi mamá cuando volvía con uno entero en su mano. Encontrar un “tesoro” de estos auguraba un buen año y lamentablemente al ser tan difíciles de encontrar, no todos los años corría con esa suerte.
Cuando cumplí 22 años me fui de roadtrip con el chico quien salía (que hoy es un re amigo mío) unos meses por Estados Unidos. Recorrimos en camioneta un poco de California, Oregon, Utah y Nevada. Faltaban poquitos días para mi cumpleaños y yo estaba un poco más sensible de lo normal. Me acuerdo que tenía un montón de preguntas e inquietudes y le pedí a mi mamá que si me estaba escuchando y si yo estaba en el lugar correcto me mandara una señal.
No era un viaje “normal” donde uno tiene un itinerario específico para recorrer. Lo entenderían si conocieran a Lucas, la vida con él te sorprende a cada segundo. Nunca sabés en qué está pensando y es de las personas más locas e emocionalmente inteligentes que conozco. Lo que les quiero decir con esto es que cada mañana agarrábamos la camioneta e íbamos a donde nos llevara la intuición.
El 6 de mayo, el día antes de mi cumpleaños, paramos en un pueblito costero y vimos que había una bajada hacia el mar. Nos pareció una buena idea frenar. Me saqué las zapatillas, pisé la arena y empecé a caminar hacia el agua. Cuando faltaban pocos metros para nuestro encuentro ni mis ojos ni mi cerebro podían creer lo que estaban viendo. Nunca había visto nada igual. La playa estaba repleta de Sand Dollars enteros. No les miento que les escribo y se me pone la piel de gallina. No había un Sand Dollar entero, había miles. Contar esta historia siempre me emociona porque estoy segura de que esa fue nuestra señal.
Como esa señal tengo muchas para contarles, pero esta que les voy a contar no me sucedió a mí, sino a la mujer de mi papá. Ella me contó, hace muchos años, que se le apareció mi mamá en un sueño y le dijo que estaba contenta de que mi papá estuviera con ella y que quería que le diga a él que se quede tranquilo que estaba feliz y muy bien. En el mismo sueño, la actual mujer de mi papá le decía “esto es un sueño… cuando me despierte Dickie (mi papá) no me va a creer” y mamá le respondió que sí, que le iba a creer. Ese sueño según la mujer de mi papá se terminó y apareció una nueva imagen que no tenía nada que ver. Lo que ella vio fue una puerta abrirse y un gatito que entraba a una habitación. De fondo se escuchaban risas de niños. Ella no lo asoció con nada, pero cuando se despertó y le contó a mi papá a él se le llenaron los ojos de lágrimas y recordó que hace muchísimos años, cuando yo aún no existía, mi papá fue con mis hermanos a elegir un gatito para regalárselo a mi mamá. Cuando volvieron ella estaba en la terraza tomando sol y ellos la sorprendieron abriendo la puerta y dejando entrar al gatito. Los que se reían eran mis hermanos.
¿Creer o reventar? Yo elijo creer.
Creemos dominar el mañana y eso nos da seguridad. Damos por hecho que mañana vamos a despertar y todo va a estar exactamente igual, pero si viviéramos con la certeza de que no sabemos qué va a ocurrir el siguiente día, ¿seguiríamos actuando igual?
Por: Anastasia Jack
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Florencia Chichoni, o más conocida como «Florcheando» es de las geminianas que querés tener en tu vida. Auténtica, graciosa y audaz. Comparte su día a día a través de Instagram (@florcheando) con sus casi 15k seguidores y siempre lo hace sin pelos en la lengua. Muy probablemente la vas a ver disfrutando de un rico gin tonic, comiendo un alfajor. o escuchando buena música. Ella es alguien que va para adelante. La conocí hace varios años cuando literalmente desarmaba su casa de Pitttsburgh y re-comenzaba su vida en Buenos Aires con sus hijos. La admiré desde el segundo uno cuando vi que con sus propias manos transformó la casa casi en ruinas a la que se había mudado.
¿Crees en los mensajes del más allá? ¿Viviste alguna experiencia paranormal?
Creo, y lo digo muy convencida, en los mensajes del más alla. Creo en las experiencias tanto buenas como malas. Le tengo mucho respeto a todo ese tema porque siento que nuestra mente es muy pequeña para entender tanta inmensidad.
Tuve varias experiencias paranormales. Pero tengo una preferida. Un espiritu al que le tomé mucho cariño: viviamos en U.S.A, en un departamento muy lindo y yo notaba una presencia. La sentía y lo afirmaba segurísima aunque todos me burlaban y decían que era imposible. ¡Hubo veces que hasta escuché su murmullo! Jamás me dió miedo. Siempre que entraba a darme una ducha le pedía (mitad jugando, mitad en serio) que me cuidara los bebés.
Lo sentía en ciertas partes de la casa y convivimos pacíficamente por 2 años. Cuando nos mudamos, fingí olvidarme algo en el departamento solo para tener la excusa de volver para despedirme de él. Le agradecí su compañia y le dije que esperaba que la nueva familia que viniera pudiera sentirlo de la misma manera que lo sentí yo. Lloré al decirle adiós a ese amigo invisible.
¿Y sabés qué? La primera noche ya mudados, el papá de los chicos confesó que él también lo había sentido, pero me había negado su presencia para que yo no me asustara. Y yo no solo no me asustaba sino que lamentaba que no iba a sentir su compañía nunca más. Lo recuerdo con cariño y espero que donde sea que esté, que se encuentre en paz.
¿Cómo fue tu comienzo en Instagram y qué es esta red social para vos hoy?
Instagram comenzó siendo un lugar dónde mi familia podía ser parte de nuestra vida en el día a día estando lejos de nuestro país. Era una manera rápida, instantánea de que vean a mis hijos, mi casa, mis cosas. Poco a poco esa familia se fue extendiendo y ahora somos un familión de casi 15,000 personas. Y para mí mi cuenta es eso, un compartir mi vida con seres increíbles. Muchas, muchísimas veces recurrí a este clan de desequilibradas para contarles lo que me pasaba, para preguntarles qué hacer, para pedirles consejos, para llorar, para buscar fuerzas cuando sentía que no podía, o simplemente para decirles una y mil veces “Me voy a dejar crecer el pelo”
Comparto mucho. Y se alegran conmigo con las cosas lindas y ofrecen abrazos en los momentos difíciles. Soy una agradecida de esta cuenta. Y estoy convencida que quienes me siguen no tienen idea de lo importantes que son para mí. Son angeles. Son sostén.
¿Cómo fue para vos volver a Argentina con tus hijos luego de separarte? ¿Te adaptaste? ¿Estás feliz o satisfecha con la decisión?
Volver a la Argentina fue la más facil y la más difícil determinación. Todo junto. Al mismo tiempo, pero definitivamente lo volvería a hacer. Extraño mucho Pitt (extraño mis lazos, que se estiraron pero siguen firmes y fuertes) No me arrepiento y viendo hoy como está todo a mi alrededor, definitivamente fue la determinación correcta.
Hoy estás felizmente en pareja con “el arquitecto”, ¿cómo se conocieron?
Con “El Arquitecto” (N.D.R: su pareja actual) hubo presentación. Primero nos escribímos y charlamos por Whatsapp durante un par de semanas. Luego nos conocimos en persona y fue una cita bellísima donde nos divertimos muchísimo. Después de un par de citas (en persona y virtual) ambos sentimos que juntos la podríamos pasar muy genial y que sería buena idea seguir saliendo.
Y aquí estamos. Confirmamos que juntos la pasamos bárbaro y seguímos creyendo que es una muy buena idea seguir compartiendo nuestras vidas.
¿Cómo te visualizás de acá a 5 años? ¿Qué objetivo te gustaría haber llegado a cumplir?
Me cuesta mucho ponerme a visualizar mi futuro. Después de ser expatriada siento que no puedo proyectar porque no sé que puede pasar. Ni siquiera sé quien seré yo en un año. Aprendí a ir día a día. Pero si me pongo a pensar que visualizo, te diría que espero verme sana, feliz y con mi entorno de la misma manera.
Siempre me haces reír cuando hablás de que sos de géminis. ¿Cómo te describirías y por qué sos “tan géminis que duele”?
Me describo muy social y al mismo tiempo disfruto mucho estando sola conmigo misma. Me mimo. Me consiento. Soy tan géminis porque creo que me invade una necesidad de comunicación enorme. Yo necesito comunicarme. No importa cómo. Y no es solo el hecho de ser escuchada, sino también de escuchar a los demás. Hablar. Dialogar. Bueno, sí, chusmear también (¡hola, GÉMINIS!). El peor castigo que podés darme es el silencio. Otra característica es mi humor cambiante, pero aclaremos algo: no es solo lo ciclotímico, sino el hecho de que puedo enojarme y a los 5 minutos se me olvida y es como si nada hubiese pasado. No puedo con la confrontación. El enojo. La vida es muy corta como para estar peleando.
¿Cómo era Florencia de chica y qué quería ser de grande? ¿Pensás que la vida está escrita o que uno va tomando decisiones y haciendo camino al andar?
La Flor de chica era medio payasa. Era la chispita. Era la que vencía su propia timidez e inseguridades por medio del humor. Esa fue una excelente manera de vencer miedos y sobrepasar situaciones difíciles. El humor me salva y respecto a nuestras determinaciones, creo que todo es por algo (aunque a veces esa respuesta no la tenemos hasta mucho tiempo después). Pero definitivamente nuestras acciones tienen consecuencias y somos nosotros los responsables de cada acción que realizamos, y también responsables de las que no.
¿Por qué aceptaste esta entrevista?
Acepté esta entrevista simplemente porque es una suerte y un honor para mí que me lo pidieras. Porque sos como una lucesita que cualquiera quiere tener cerca y porque soy geminina y me encanta charlar.
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