Publicado en Edición septiembre, Sin categoría

EXPATRIARSE ES MUCHO MÁS QUE ABANDONAR LA PATRIA

   No es lo mismo expatriarse solo que hacerlo en pareja o con un amigo. De la misma manera que tampoco lo es comer un alfajor de chocolate relleno de dulce de leche que comer uno que en su centro tiene una capa de mousse de chocolate. Su aspecto por fuera y a la mirada de todos puede ser el mismo, pero por dentro hay claras diferencias que solamente las reconocerán aquellos que se atrevan a dar el mordisco. Uno no es mejor que el otro, simplemente son diferentes y no todos son para todo el mundo. Lo mismo pasa con la expatriación.

   Hoy vengo a contarte un pedacito de mi historia, mientras casualmente me como un alfajor Havanna relleno de dulce de leche que le robé a mi ex de su escondite cuando fui a buscar a Milo, mi perro. Si bien yo dejé Argentina en el año 2017 para acompañar a quien le queda un alfajor menos en la caja, sentí que mi verdadera expatriación empezó hace un año cuando decidí seguir mi viaje sola.

   Expatriarme fue mucho más que abandonar mi patria. Lo más extraño que me pasó fue que a veces sentía que no era ni de acá ni de allá. Eso de no tener 100% un sentido de pertenencia fue duro. Por momentos me siento parte de la cultura francesa, como por ejemplo cuando Pierre, el mozo que me atiende en la cafetería de siempre, ya sabe cómo me gusta tomar el café; cuando mi vecino saluda a Milo por su nombre y cuando doy dos besos para saludar, ¡incluso a mis amigas argentinas! Pero, por otro lado, mi dieta siguió siendo a base de milanesas, empanadas y alfajores y estoy enterada de todo lo que pasa en Argentina, incluyendo el nacimiento de la hija de L-Gante, quien fue muy criticado porque le puso Jamaica a su beba…Pero volviendo a lo importante, (¡perdón L-Gante ya tuviste la atención de todo el país y ahora me toca a mí!), no puedo dejar de destacar que un día el amor por mi país fue tan grande que hasta hinché y aposté que ganaba el equipo de curling que antes no sabía ni que existía. A la distancia todo se vive de otra manera.

    Para mí emigrar de a dos fue distinto que emigrar sola básicamente porque la primera fue una decisión propia que fui procesando y la segunda me tomó por sorpresa. Con el diario del lunes entendí por qué todo fue tan rápido. Sin exagerar, en ese momento sentía que un huracán arrasaba con todo mi presente y convertía en escombro cada pared que había construido. No estaba preparada ni física ni emocionalmente para todo lo que se venía. De repente y sin previo aviso tenía que decidir dónde y cómo vivir, en el medio de la segunda cuarentena estricta de Francia, a 11.043 kilómetros de casa. Una parte de mí literalmente moría para darle lugar a una nueva Anastasia. Mi nueva vida estaba a punto de comenzar y yo estaba a punto de reencontrarme conmigo misma.

SE PUEDE VIVIR MIL VIDAS EN UNA

   Sí, definitivamente se puede vivir mil vidas en una, como dice Tokio en «La casa de papel». La mía comenzó hace un año y ya no soy la misma de antes. Como les conté en la entrega pasada, yo venía en piloto automático sabiendo que había cosas que me hacían ruido y no me atrevía si quiera a cuestionarme mi presente. Lo aceptaba sin dar muchas vueltas.

   Hoy mi presente es muy distinto. Estoy en la búsqueda de un lugar fijo para vivir experimentando distintos lugares junto a mi perro y mi computadora. Básicamente estoy conociendo a la nueva Anastasia que soy. Casualmente ayer, una amiga me dijo que doy por sentado mis logros y no me los reconozco. En eso tiene razón y tengo que trabajar en ello. Muchas veces me cuesta mirar para atrás y ver todo lo que logré. No puedo no hacer un balance cuando me obligo a hacer ese ejercicio.

   Este año fue literalmente una locura. Un subibaja de emociones. Cambié de casa más de diez veces, viajé muchísimo por tres países diferentes y volví a vivir sola. Salí de mi zona de confort y conocí gente nueva. Escribí un eBook de decoración, mi emprendimiento creció un 70% y decoré las casas de mis clientas en 8 países distintos. Me permití mostrarme más vulnerable y menos perfecta. Entendí que solo incomodándome podía crecer y que podía barajar las cartas cuantas veces yo me lo permitiera. Me angustié por no saber qué querer hacer y acepté que no todo podía hacerse cuando yo quisiera. A mis 29 años aprendí a pedir ayuda. Confirmé que, aunque yo crea que todo lo puedo sola, tengo una gran red que me acompaña. Hice un trabajo interno en mí muy grande y me animé a escarbar en lugares donde había mantenido la puerta cerrada con llave durante mucho tiempo para no ver. Aún me queda mucho por experimentar y por indagar, pero confirmo una vez más que se puede vivir muchas vidas en una y que siempre se puede volver a comenzar en cualquier lugar del mundo. No siempre estoy feliz pero estoy muy agradecida de estar eligiendo lo que quiero hacer por mí y animándome a hacer cosas que me inventé que no podía.

   Con una mano en el corazón, le recomiendo a todo aquel que quiera intentar tener una experiencia afuera que lo haga, pero no puedo dejar de reconocerles que no todo es color de rosas. No sería honesta si no les dijese que en el 2016, durante la previa a mudarme de país y mientras me despedía de los míos, les di la bienvenida, a mi pesar, a los tan odiados ataques de ansiedad. A esta altura del texto ya se habrán dado cuenta de que soy partidaria de hacer terapia. La que sea que te haga bien. Así como la gente va al dentista una vez al año para ver si su salud bucal está en orden, yo creo fervientemente que deberíamos hacer lo mismo con la salud mental. Es de valiente hacerse cargo, escarbar en temas dolorosos y salir adelante. Así lo creo yo. Creeme cuando te digo que se puede volver a barajar. Pedí ayuda si sentís que la necesitás.

   Mi próxima aventura es hasta el momento lo más insólito que hice este año. Decidí quedarme un rato más en Francia y vivir los próximos dos meses en una “tiny house” de 20mt2 que tiene forma de vagón de tren y está en el medio del campo.

La vida me confirma una vez más que todo se va acomodando. Perdí a mi mamá de carne y huesos hace mucho tiempo, pero la vida me fue dando distintas personas que fueron cumpliendo ese rol tan importante a lo largo de los años. Sé que tengo muchas seguidoras «madres postizas». Por eso, si sos alguna de ellas y te estás empezando a preocupar por mí, te quiero decir que si bien es un vagón muy pequeño, tiene wifi, cocina completa, lavarropas y todas las necesidades básicas que necesito para vivir. Además voy a vivir a 3 minutos en auto de la casa de una de mis mejores amigas asique no vamos a estar solos.

   No sé si Milo decide incomodarse tanto, pero le tocó este ser humano que lo ama demasiado y no tiene mucha opción que seguir acompañándome en todas mis locuras. Él viene conmigo y estoy tranquila, porque mientras estemos juntos estamos bien en todos lados.

¡Aventura, allá vamos!

Por: Anastasia Jack

   Es Lic. en Letras y escritora. Comenzó desde muy joven escribiendo en diversos medios periodísticos y hoy la siguen en Instagram más de 88 mil mujeres que leen apasionadamente sus historias de amor y desamor. Me intrigaba saber cómo hace para viajar tanto con su familia, trabajar al mismo tiempo y ser tan exitosa mientras se muda de un destino al otro. Nos comparte sus tips y nos demuestra que con optimismo, dedicación y objetivos claros todo se puede lograr.

Te sigo activamente por Instagram y veo que te mudás de país muy seguido. ¿Cada cuánto, por qué y a dónde solés mudarte?

  Lo cierto es que me mudo cada tres/cuatro meses. Además, año a año a veces también cambia la dinámica, pero básicamente vivo entre Palm Beach (Florida), Aspen (Colorado) y Bs As. 

  En general, la gente me comenta que se agota de solo pensar en tanta mudanza, y por un lado tienen razón (especialmente, con cómo les cuestan las adaptaciones a los chicos), pero no me quejo porque también tiene su recontra lado positivo. Para empezar, viajar tanto en nuestro caso significa que hay laburo (viajamos por el trabajo de mi marido) (N.d.R. su marido juega al Polo). Además, nos toca ir a lugares que amo. Conozco gente nueva en todos ellos e intento exprimir cada destino. Sobre todo, agradezco que una de las «paradas» sea en Argentina. Siempre me tentó la idea de vivir afuera pero también amo vivir en mi país, y el nomadismo me permite tener un poco de ambas realidades. 


En un relato que escribiste en el 2018 leí que declaraste que “te sorprendiste al ver cómo tu sobrino de 7 años se permitió lagrimear al despedirse de su papá que se iba por unos días porque vos preferís hacer las despedidas cortitas y al pie”. ¿Hoy en día tus despedidas, que deben ser frecuentes por tus viajes, siguen siendo así? ¿Te cuesta mostrarte vulnerable?

   Estoy amigándome con la vulnerabilidad pero admito que en el tema de las despedidas suelo seguir bastante acorazada. Por un lado, me pasa que con los años me fui poniendo más canchera, entendiendo que las despedidas son momentáneas, que la vida pronto te vuelve a cruzar. Además, si me desarmara en llanto cada vez, no sería demasiado práctico, considerando todo lo que viajo, jajaja. 

   Habiendo dicho eso, sí es cierto que cuando llega la hora de despedir al grupo con el que me tocó compartir la temporada, siento un nudo fuerte en la panza. Pero como ya me conozco, sé que al tiempito pasa. Reconozco el nudo, sé de dónde viene y sé que va a pasar. 


Una vez te escuché decir que “tu alma tarda más tiempo en viajar que tu cuerpo” haciendo referencia a que te cuesta unos días acomodarte al nuevo destino. Particularmente me sentí muy identificada con tu frase. ¿Cómo hacés para adaptarte más rápido? ¿Qué consejos podrías darle a alguien que está pensando en expatriarse?

   Uf, sigo sintiéndolo así, es increíble que aunque ya sea nómade desde hace años, aún me cuesta un tiempito la adaptación. Lo que yo hago para adaptarme es intentar organizar mi rutina y la de la casa lo más rápido posible. Por poner un ejemplo pavo: en otras épocas, tal vez tardaba algunos días en deshacer las valijas. Ahora, en cambio, intento llegar y asentarme al toque; ordenar, resolver las compras, anotarme en las clases o talleres que quiera empezar a hacer. Desde que soy madre no siempre es tan fácil, claro. Los chicos tienen sus tiempos y a veces nos reclaman que vayamos a su ritmo. Intento respetarlos lo más posible; no frustrarme si tardan en adaptarse al colegio, por ejemplo, porque cuanto más nos resistamos a esta resistencia de ellos, peor. 

   No sé si tengo muchos consejos para las expatriadas porque nuestra situación es atípica por varios motivos. Uno de ellos es que viajamos con una gran comunidad de argentinos, que son como familia. Además, literalmente viajamos con familia: dos de los hermanos de mi marido suelen coincidir con nosotros en los destinos a los que nos toca ir. Pero más allá de esta coyuntura, yo recomendaría llevar consigo algún elemento/s que te hagan sentirte en casa. Puede ser una taza que te encante, un florero que te traiga buenos recuerdos, un cuaderno, una foto de amigos enmarcada. 

   Aconsejo, sobre todo, permitirse hacer el duelo, sentir «bajón», sobre todo esos días en que el alma aún no llegó; honrar esos tiempos, y luego ponerse en movimiento para empezar a aclimatarse. Puede ser anotándote en una clase que te copa en el gimnasio, encontrando un cafecito en el barrio donde puedas ir con tu computadora a trabajar, compartir algún taller de música con tus hijos, etcétera. Ideas hay miles, depende de los gustos. 

   Pero si te mudaste a un nuevo país, pasan algunos meses y todavía te sigue costando la adaptación, yo no dudaría en pedir ayuda profesional. Ya sea con un psicólogo o con algún coach especializado en expatriación. Es importante buscar apoyo y pedir ayuda. No nos creamos todopoderosas y que todo lo podemos.


Me gustaría saber tu opinión de experta en historias de amor, ¿se pueden vivir mil vidas en una?

   ¡Claro que sí! En todos los sentidos. Creo que cada vez más es así. Tal vez otras generaciones no lo vivían de esta forma; qué se yo, en la época de mis abuelos, o incluso de mis padres, en general la gente tenía solo un laburo que mantenía «toda la vida». Ahora la gente se reinventa cada cuatro, cinco años. 

   En el amor también pasa. Quizás es porque vivimos más, pero ya no es descabellado pensar que la mayoría de la gente tendrá dos, tres, cuatro «amores de su vida». Cada uno tan intenso y verdadero como el anterior.  


¿Tuviste un ataque de ansiedad alguna vez? ¿Cómo lo atravesaste?

   Una sola vez; una noche, con un flaco australiano que a mí en el fondo no me gustaba, pero no me permitía admitir(me)lo, porque «todo el mundo» me decía que era «un re candidato», y me quise forzar para que me gustara. No me escuché, no me respeté, la quise forzar y la cosa terminó muy mal. 

Saquémonos los mandatos, las listas prehechas sobre qué tiene que tener el otro para ser «buen candidato», escuchémonos a nosotros que ese es el único parámetro. Esto podrá sonar obvio pero, en mi experiencia, no siempre se da así. 


En tu corta edad ya escribiste 3 libros: “Mi marido y su mujer”, “Rosie’s Blossoms” y “El libro más lindo del mundo”, tenés un Podcast propio muy escuchado, das cursos… ¿nos adelantás qué es lo que se viene? ¿Qué planes tenés laboralmente para el 2022? ¿Cómo los congeniás viajando tanto?

   Gracias a Dios, mi laburo se amolda fácilmente a los viajes. Me llevo mi laptop, mi celular, y estoy. Quizás la pregunta debería ser: ¿cómo los congeniás con dos hijos chicos? Jajaja. Ese tema me complica un poco más, mis hijos están en edades muy desafiantes y requieren poner el cuerpo -literalmente-: sacrificar horas de sueño, correrlos para que no se tiren a la pileta o salgan disparados detrás de un caballo, compartir tiempo de calidad con ellos, que todavía no van muchas horas al colegio y están mucho conmigo en casa. Es un momento de mucho desgaste físico. Pero bueno, me organizo, mi marido tiene un trabajo que le permite estar mucho con nosotros y eso es clave. Además, suelo acudir a ayuda de niñeras, porque estando en el exterior las abuelas lamentablemente viven muy lejos. Es un lujo poder contar con esta ayuda y agradezco todos los días tener esa posibilidad. 

   Para el 2022, si Dios quiere, seguiré con el podcast, escribiendo para mi cuenta en Instagram y, tal vez, estaré terminando una nueva novela. Estoy evaluándolo. Tengo propuesta de la editorial Penguin para publicar nuevamente con ellos y seguramente la acepte, aunque quiero ver qué pasa con el mundo, cómo va a seguir la pandemia, para ver nuestro esquema de viajes y si los chicos van a tener clases o cómo nos vamos a organizar. Como digo, me demandan mucho tiempo y escribir una novela de cero con ellos dos en casa hoy no me resulta viable. 

¿Cómo vienen los planes para convertir tus novelas en series o películas?

   Estoy avanzando, lento pero seguro, con algunas propuestas. Todavía no puedo revelar nada, pero ojalá pueda darte buenas noticias sobre esto en el corto/mediano plazo. Soy una mujer muy ansiosa y muy organizada, porque creo firmemente que para conseguir lo que uno quiere, hay que esforzarse y ayudar a la ambición; sin embargo, también sé que hay ciertos objetivos en la vida que nos demandan tiempo, paciencia y entrega. Hay que saber cuándo la ansiedad conspira para nuestro éxito y cuándo nos puede boicotear. En el caso de este proyecto, la ansiedad no es buena consejera, así que estoy trabajando a paso de tortuga, sabiendo que, está buenísimo ser decidida y tenaz, pero que hay objetivos que nos reclaman sacarnos los «plazos» de la cabeza. 

¿Por qué aceptaste la entrevista? 

   Suelo aceptar todas las entrevistas, me encanta conversar y, sobre todo, me honra que piensen en mí como entrevistada. Además, Anita, te tengo mucho cariño, no nos conocemos en persona pero siempre me transmitiste muy buena vibra y quise apoyarte y acompañarte en este espacio. Celebro esta iniciativa y te deseo lo mejor. 

Por: Anastasia Jack

Para leer el capítulo anterior haz click acá

Para leer el capítulo siguiente haz click acá

Deja un comentario